La Argumentación Jurídica y su Importancia en la Práctica Profesional
El Derecho, como disciplina y como ciencia, implica el descubrimiento del comportamiento humano y su relación con las normas de los organismos de control social formal. Es por esta razón que, aunque el Derecho se conforma de un cuerpo normativo, no se encuentra limitado a este, pues, siendo la humanidad una raza compleja, en constante avance, y compuesta de distintas sociedades, tiene sentido que las normas que rigen a cada sociedad busquen adaptarse para cubrir las necesidades que surgen y encontrar soluciones a temas de debate y conflicto social.
Para ser fiel tanto a estos cambios sociales como al progreso del Derecho, es importante que estas dinámicas entre la norma y los hechos de interés seas razonados debidamente, siendo lo ideal, en primer lugar, que exista aplicación de herramientas lógicas a la ciencia jurídica, y en segundo lugar, que se practiquen técnicas de argumentación jurídica.
Frente a los cambios drásticos que ha traído consigo la pandemia por COVID-19, muchas organizaciones en las que sus empleados se desempeñaban de manera presencial, han optado por solicitar a sus trabajadores que continúen sus labores desde casa para evitar la exposición en el lugar de trabajo. Esta modalidad se conoce como home office, y al ser algo que no todas las organizaciones tenían contemplado, su implementación ha generado conflictos de interés en el mundo del Derecho Laboral, como, por ejemplo, el hecho de que el home office puede ser una puerta a la desregularización, puede ser una práctica que genere gastos extras en los trabajadores (conexión a internet, uso de equipos de computación, etc.). Además de esto, ante el desafío que encuentra el empleador para supervisar si efectivamente el trabajador está cumpliendo con su deber, se corre el riesgo de que ocurra invasión a la privacidad.
Es mediante la práctica del razonamiento que podemos responder no solo si algo de interés jurídico es justo, valido y eficaz (o si, por el contrario, no lo es), sino también explicar el porqué, atendiendo a las particularidades del caso. A diferencia de la demostración, que persigue de manera rigurosa la veracidad de la tesis sin importarle quienes queden o no convencidos de ella, la argumentación jurídica consiste en el uso del razonamiento para demostrar, refutar o justificar la valoración de un hecho apoyándose en un enunciado asegurado (el argumento) para llegar a uno menos asegurado (la conclusión), incitando al interlocutor a admitir o adoptar esta tesis propuesta. En casos donde surgen conflictos, como el del cambio de presencialidad a home office, la argumentación jurídica es clave para inclinar la balanza a favor de una u otra postura.
La dimensión argumentativa es de importancia tanto en el contexto de un sistema jurídico consuetudinario, donde la fuerza del argumento de los abogados y las decisiones de los jueces en cada caso van dejando las huellas principales, como en los sistemas jurídicos mixtos, donde a pesar de existir leyes escritas creadas por legisladores, la jurisprudencia y la doctrina son también fuentes importantes del Derecho.
En casos complejos, o donde existen vacíos legales es donde tanto la argumentación jurídica como el razonamiento inductivo cobran especial relevancia. Así mismo, el uso de técnicas de argumentación jurídica puede resultar útil cuando no hay pruebas que apunten indudablemente a la veracidad o falsedad de una cuestión controvertida, ya que puede ayudar a llegar a consensos y decisiones que favorezcan la causa representada.
Partiendo del hecho de que todos los actos deben estar motivados, y que, por lo tanto, hay que ofrecer razones que justifiquen las decisiones, la práctica argumentativa destaca es de necesaria aplicación en el ejercicio de la discrecionalidad. También destaca como técnica en el ejercicio del control difuso, en las motivaciones de las decisiones en sentencias, en la fuerza de los recursos de reconsideración, en los litigios, y también en el ámbito de los métodos alternativos para la resolución de conflictos.
La inmersión de las organizaciones en el mundo digital plantea nuevos desafíos en materia laboral, y es mediante las negociaciones colectivas y la adaptación de las leyes a estas nuevas realidades que puede precisarse el correcto proceder en materia laboral. Como la argumentación jurídica es clave en etapas del proceso como la negociación, mediación y conciliación, esta destaca incluso en casos como el del cambio de modalidad presencial a home office, en el que, aun siendo una medida temporal de contención ante la pandemia, se hace necesaria la formalización de acuerdos colectivos.
Las
buenas argumentaciones (que se atienen a la cuestión, ofrecen razones sólidas y
se protegen ante refutaciones) pueden hacer la diferencia entre un buen
profesional y uno poco destacado. La argumentación jurídica permanecerá vigente
en el ejercicio del Derecho porque constituye un discurso que busca persuadir
al interlocutor para estar a favor de aquella postura que se argumenta y lograr
que se obre acorde a esto, lo cual se traduce en el quehacer diario del abogado
y el avance del derecho para alcanzar las realidades sociales.


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